jueves, 3 de abril de 2014

Juan Ramón Jiménez


Juan Ramón Jiménez
(1881-1959) 

Poeta español y premio Nobel de Literatura. Nació en Moguer (Huelva), y estudió en la Universidad de Sevilla. Los poemas de Rubén Darío, el miembro más destacado del modernismo en la poesía española, le conmovieron especialmente en su juventud. 

También sería importante la lectura de los simbolistas franceses, que acentuaron su inclinación hacia la melancolía. 

En 1900 publicó sus dos primeros libros de textos: Ninfeas y Almas de violeta. Poco después se instalaría en Madrid, haciendo varios viajes a Francia y luego a Estados Unidos, donde se casó con la que ya sería su compañera ejemplar de toda la vida, Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española se vio obligado a abandonar España. Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, fueron sus sucesivos lugares de residencia. 
Moriría en este último país, donde recibió ya casi moribundo la noticia de la concesión del Premio Nobel. 

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones. Las principales son Poesías escogidas (1917), Segunda antología poética (1922), Canción (1936) y Tercera antología (1957). La influencia del modernismo se percibe en sus primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer , hacia lo inefable, con unos poemas hechos a partir de sensaciones refinadas por la espiritualidad, y de sutiles estados líricos, con un lenguaje musical. 

Pero el arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior, sin dejar de ser al mismo tiempo metafísico y abstracto, como se aprecia en Baladas de Primavera (1910) o La soledad sonora (1911). Diario de un poeta recién casado (1917), escrito básicamente durante su viaje a Estados Unidos, donde conoció y se casó con Zenobia, es uno de los grandes libros de la poesía española. 

Contiene ritmos inspirados por el latir del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer, el mundo marino y Estados Unidos. Siguen Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y uno de los puntos más altos de su poesía, Estación total, un libro escrito entre 1923 y 1936, aunque no se publique hasta 1946. La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, con el mundo, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se convierte en -total- -concepto ya utilizado por Juan Ramón Jiménez-, y que significa -lo universal-. Poeta total, es para él, por tanto, aquel que logra la comunión con el universo, conservando, sin embargo, su voz personal. 

Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética -y al que le debe gran parte de su fama universal- es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes. 

Escribió ya en América los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949). Con ellos y el poema 'Espacio', Juan Ramón Jiménez alcanza lo que se ha llamado su -tercera plenitud- determinada por el contacto directo con el mar. En Animal de fondo el símbolo lo expresa con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteísta. La poesía antes que palabra es conciencia; inteligencia que permite al poeta nombrar. El tiempo acaba fundiéndose con el espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro -que configuran al Juan Ramón Jiménez más hondo e intenso-, se revela 
finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad. 


"...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando,

y se quedará mi huerto con su verde árbol
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,

y tocarán, como esta tarde están tocando,
las esquilas del campanario.

Se morirán los que me amaron

y el pueblo se hará nuevo cada año;..."

miércoles, 2 de abril de 2014

Porqué interés en la literatura?

En estos momentos que nos preguntamos qué hacer con los bancos y los banqueros, con la deuda del pais y con la nuestra, con la educación, con el trabajo, con la memoria histórica, con el medio ambiente, Etc. Son temas que nos preocupan a diario, pues son cuestiones básicas para nuestro inmediato porvenir. Pero ¿y la literatura? 

¿Es necesario preguntarnos, qué hacemos con la literatura? ¿Hablar de literatura en estos tiempos de resistencia, de luchas sociales, de apuros económicos, no es una pérdida de tiempo, incluso una distracción a la hora de afrontar las cuestiones verdaderamente importantes? ¿No constituye, incluso, una obscenidad elevarnos a las nubes de lo literario cuando el enemigo quiere acabar con nosotros? ¿Acaso estamos preocupándonos por las rosas cuando apenas tenemos pan?

Pues no! Hablar de literatura en estos momentos es un acto de sana rebeldía, es una manera de afrontar la búsqueda de nuestro yo más interno, explorando el laberinto de nuestra propia dualidad, como dice Galeano perdiéndonos para poder encontrarnos a nosotros mismos y en ese encuentro generar razones, respuestas y más preguntas.

Pero ¿cómo abordar este tema, tan aparentemente abstracto y alejado de la realidad? 
hay tres caminos. El primero; tratar la literatura como una mercancía –¿acaso es otra cosa? El segundo, como un objeto con valor de intercambio insertado en la sociedad de mercado y consumo y el tercero como un valor inapreciable en el cual saciamos nuestra sed más sutil a veces, y otras, nuestra hambre fiera de emociones y angustias.

Y de esto se trata cuando nos preguntamos Qué hacemos con la literatura: de romper con discursos dominantes y trillados, de enfrentarnos a la noción de literatura que se nos impone, de arrancarle el velo de idealismo que nos impide verle al texto literario su rostro histórico. Se trata de cotidianizar la literatura como fuente de paz o de conocimientos, reflexionando acerca de nuestra experiencia como lectores, pero también de andar otros caminos para la producción de discursos literarios que siembren inquietudes, que abran grietas en el capitalismo consumista, para tumbarlo y construir una sociedad libre de explotación. Porque, en definitiva, es de lo que se trata, de remover los cimientos de un orden que esclaviza y dar lugar a un desorden que libere, que trastoque las pobres ideas organizadas que no están generando nuevas motivaciones trascendentes.